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Gestión financiera en salud

La optimización del gasto corriente con la sustitución de costos de hospitalización intramural por domiciliaria

Las aseguradoras no tienen un problema de ingresos, sino de control del gasto asistencial. La hospitalización domiciliaria, con costeo real, es una herramienta de gestión del riesgo financiero.

La optimización del gasto corriente con la sustitución de costos de hospitalización intramural por domiciliaria

Resumen

La hospitalización domiciliaria es más económica que la intramural porque sustituye un modelo intensivo en costos fijos —infraestructura, día cama, personal permanente y uso hospitalario— por un modelo flexible, basado principalmente en costos variables y ajustado al servicio realmente prestado. Este artículo sostiene que las aseguradoras no enfrentan hoy un problema de ingresos, sino de control del gasto asistencial, y que buena parte de ese gasto se concentra en la hospitalización intramural sin estar asociado a la complejidad clínica del paciente. Se argumenta que la hospitalización domiciliaria, aplicada bajo criterios clínicos definidos y soportada en costeo real, es una herramienta estructural de gestión del riesgo financiero: reduce el costo por evento y por día, disminuye la probabilidad y la severidad de eventos de alto costo y vuelve el gasto medible, gestionable y negociable, sin detrimento de la calidad de la atención.

Hoy las aseguradoras no tienen un problema de ingresos: tienen un problema de control del gasto asistencial.

1. El diagnóstico: un problema de gasto, no de ingresos

El debate sobre la sostenibilidad del sistema de salud suele plantearse en términos de cuánto dinero entra. Pero la presión que viven las aseguradoras no se explica solo por la suficiencia de la prima o de la Unidad de Pago por Capitación; se explica, sobre todo, por la manera en que ese dinero se consume. Y el rubro que más presiona es la hospitalización intramural.

En el entorno intrahospitalario, una parte importante del costo no guarda relación con la complejidad clínica del paciente. Proviene de ineficiencias operativas: estancias que se prolongan más allá de la necesidad clínica, baja rotación de camas, decisiones clínicas tardías, esperas por interconsultas, resultados o trámites administrativos. Cada uno de esos días adicionales incrementa el gasto corriente sin generar mayor valor en salud. Es gasto que no cura.

Cuando el problema es de gasto, la solución no puede ser únicamente recaudar más. Tiene que ser intervenir la estructura del costo. Ahí es donde la hospitalización domiciliaria deja de ser un servicio complementario para convertirse en una decisión estratégica.

2. La anatomía del costo intramural

El hospital es, por naturaleza, una organización de costos fijos elevados. La infraestructura, los equipos, la planta de personal permanente, los servicios generales y el mantenimiento deben pagarse con independencia de cuántos pacientes se atiendan y de qué tan complejos sean. Esos costos se distribuyen en la tarifa del día cama, de modo que cada día de estancia arrastra consigo una fracción de toda la maquinaria hospitalaria.

Esto tiene una consecuencia decisiva: un paciente clínicamente estable que permanece en una cama hospitalaria consume, día a día, recursos diseñados para pacientes de mayor complejidad. La cama se paga como si el paciente la necesitara, aunque ya no la necesite. Por eso sostengo que la cama más cara es la que el paciente ya no necesita.

A ese costo visible se suman costos ocultos. La estancia hospitalaria prolongada expone al paciente a infecciones asociadas a la atención en salud: la Organización Mundial de la Salud ha estimado que, en países de ingresos altos, alrededor de 7 de cada 100 pacientes hospitalizados adquieren al menos una de estas infecciones, y que la cifra asciende a cerca de 10 de cada 100 en países de ingresos bajos y medios. Se suma el deterioro funcional asociado a la hospitalización, especialmente en adultos mayores, descrito por Covinsky y colaboradores como discapacidad asociada a la hospitalización. Cada complicación convierte un evento controlado en uno de alto costo.

Dos estructuras de costo frente a frente
DimensiónHospitalización intramuralHospitalización domiciliaria
Estructura dominanteCostos fijos (infraestructura, día cama, planta permanente)Costos variables, ligados al servicio efectivamente prestado
Relación costo–complejidadDébil: la estancia cuesta aunque el paciente esté estableDirecta: se paga la intensidad clínica que el paciente requiere
Riesgo de infección asociada a la atenciónMayor, crece con cada día de estanciaMenor, el paciente permanece en su entorno
Capacidad instaladaCamas ocupadas por pacientes establesLibera camas para quien sí las necesita
Predictibilidad del gastoBaja: estancias y complicaciones difíciles de anticiparAlta: planes de atención y tarifas definidos por evento

3. Por qué la sustitución reduce el costo sin sacrificar calidad

La hospitalización domiciliaria traslada la atención al hogar bajo criterios clínicos definidos. No se trata de dar de alta anticipadamente a un paciente para ahorrar, sino de sustituir el lugar de la atención cuando la necesidad clínica puede atenderse con seguridad fuera del hospital. Esta distinción es central: el ahorro es consecuencia de la pertinencia, no su punto de partida.

Al sustituir el modelo, se reducen los días de estancia intramural, disminuye el riesgo de complicaciones e infecciones intrahospitalarias y se optimiza el uso de la capacidad instalada: la cama que se libera queda disponible para un paciente que sí requiere el nivel hospitalario, lo que mejora la rotación sin necesidad de construir más infraestructura.

La evidencia internacional acompaña este razonamiento. El ensayo clínico aleatorizado de Levine y colaboradores (2020), en adultos con enfermedad aguda atendidos con un modelo de hospitalización en casa, reportó un costo directo ajustado cercano a un 38 % menor que el de la atención hospitalaria convencional, con menos estudios de laboratorio, imágenes e interconsultas y menos reingresos en los 30 días siguientes. La revisión sistemática Cochrane de Shepperd y colaboradores (2016) sobre hospitalización domiciliaria para evitar el ingreso encontró resultados de mortalidad similares a los de la hospitalización convencional, con mayor satisfacción de los pacientes. Es decir: menor costo con resultados clínicos comparables.

4. La lógica actuarial: intervenir el gasto antes de que se materialice

Para una aseguradora, el gasto esperado de su población depende de dos variables: la frecuencia con que ocurren los eventos y su severidad, es decir, cuánto cuesta cada uno. La siniestralidad es la expresión de ambas.

Gasto esperado = Frecuencia de eventos × Severidad (costo por evento)

La hospitalización domiciliaria actúa sobre los dos factores. Sobre la severidad, porque reduce el costo por día y por evento al reemplazar costos fijos por costos variables. Sobre la frecuencia, porque al evitar complicaciones, infecciones y reingresos disminuye la probabilidad de que un evento controlado escale a uno de alto costo. Menos eventos graves y eventos menos costosos significan menor presión sobre las reservas técnicas.

Por eso afirmo que nuestro modelo de hospitalización domiciliaria no es solo un servicio: es una herramienta de gestión del riesgo financiero. Permite intervenir el gasto antes de que se materialice, trasladando oportunamente a pacientes clínicamente aptos hacia un esquema más costo-efectivo, y reduciendo días cama, eventos de alto costo y presión sobre las reservas.

5. Costeo real: tarifas mínimas viables, transparentes y sostenibles

El modelo tradicional de contratación suele fijar tarifas por negociación histórica o por referencia de mercado, sin conocer con precisión cuánto cuesta realmente prestar el servicio. El resultado son tarifas que esconden sobrecostos o, en el extremo contrario, tarifas insostenibles que terminan deteriorando la calidad.

En ACOSTA IPS trabajamos con una estructura basada en costeo por actividades (ABC) y costeo variable. El costeo ABC asigna a cada servicio los recursos que efectivamente consume —talento humano, insumos, desplazamientos, tiempo clínico—, mientras que el costeo variable permite identificar el margen de contribución de cada servicio y su punto de equilibrio. Con ello podemos garantizar tarifas mínimas viables, transparentes y sostenibles, ajustadas al volumen y al riesgo, sin sobrecostos ocultos.

Esta transparencia cambia la conversación con la aseguradora. Ya no se negocia sobre supuestos, sino sobre la estructura real del costo. El pagador sabe qué está pagando y por qué; el prestador sabe que la tarifa le permite sostener la calidad. Ambos ganan predictibilidad.

6. Seguridad clínica: la condición que no se negocia

La eficiencia financiera solo es legítima si preserva la calidad. Por eso la sustitución se hace bajo criterios clínicos definidos de elegibilidad: estabilidad clínica, un plan terapéutico que pueda ejecutarse en casa, condiciones del entorno y red de apoyo adecuadas, y mecanismos de respuesta ante un deterioro. No todo paciente es candidato, y reconocerlo es parte de la seguridad del modelo.

La hospitalización domiciliaria bien gestionada no reduce el cuidado; lo reorganiza. El paciente recibe una atención más personalizada, en su entorno, acompañado por su familia y con menor exposición a los riesgos propios del ambiente hospitalario.

7. Lo que gana la aseguradora

Conclusión

La optimización del gasto corriente en salud no pasa necesariamente por construir más hospitales ni por recaudar más recursos, sino por usar mejor los que ya existen. La sustitución de la hospitalización intramural por la domiciliaria, aplicada con criterio clínico y soportada en costeo real, ataca la raíz del problema: el costo que no está asociado a la complejidad del paciente.

En otras palabras, no solo reducimos el costo: lo hacemos medible, gestionable y negociable. Eso convierte a la hospitalización domiciliaria en una estrategia financiera inteligente para las aseguradoras, y no en un gasto adicional. Llevar la atención al lugar donde el paciente vive es, al mismo tiempo, un acto de humanidad y una decisión de buena gestión.

Referencias

  1. Levine, D. M., Ouchi, K., Blanchfield, B., et al. (2020). Hospital-level care at home for acutely ill adults: a randomized controlled trial. Annals of Internal Medicine, 172(2), 77–85.
  2. Shepperd, S., Iliffe, S., Doll, H. A., et al. (2016). Admission avoidance hospital at home. Cochrane Database of Systematic Reviews, (9), CD007491.
  3. Organización Mundial de la Salud. (2011). Report on the burden of endemic health care-associated infection worldwide. Ginebra: OMS.
  4. Covinsky, K. E., Pierluissi, E., & Johnston, C. B. (2011). Hospitalization-associated disability: “She was probably able to ambulate, but I’m not sure”. JAMA, 306(16), 1782–1793.
  5. Kaplan, R. S., & Anderson, S. R. (2004). Time-driven activity-based costing. Harvard Business Review, 82(11), 131–138.
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Dr. Jorge Acosta

Dr. Jorge C. Acosta Castillejo

Médico, gerente general y fundador de ACOSTA IPS. Magíster en formación en Gerencia de Instituciones de Salud (EAFIT) y autor de La Bata Púrpura. Escribe sobre humanización, gestión y transformación de los sistemas de salud.